Las autoridades de Madrid endurecen las restricciones al alquiler de corta duración, apostando por la retirada de los apartamentos turísticos de los edificios residenciales y el traslado de parte de la oferta hotelera a zonas no residenciales e industriales de la ciudad. Así se desprende de los documentos oficiales del Ayuntamiento de Madrid relativos al Plan RESIDE y a las decisiones posteriores sobre su desarrollo.
El origen de los cambios fue el Plan RESIDE, presentado por el Ayuntamiento en noviembre de 2024 y finalmente puesto en marcha en agosto de 2025 tras su aprobación por el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid. El plan prohíbe la ubicación de apartamentos turísticos en edificios residenciales del centro histórico de la ciudad, incluidas las plantas bajas con entrada independiente, mientras que en el resto de Madrid permite esta actividad en edificios residenciales solo si se destina a ella la totalidad del edificio. Además, las licencias para este formato fuera de la zona céntrica se conceden por 15 años, tras los cuales el inmueble debe volver a su uso residencial.
El Ayuntamiento justifica el endurecimiento de las normas por la protección del parque de viviendas permanentes. Según datos del propio plan RESIDE, el número de apartamentos turísticos en Madrid se ha duplicado desde 2017 hasta alcanzar los 16 100, mientras que solo alrededor del 7 % de estos inmuebles contaban con una licencia legal. Además, el 42 % de todos los apartamentos turísticos de la ciudad se concentran en el distrito central.
Al mismo tiempo, las autoridades de Madrid han comenzado a promover un modelo alternativo de alojamiento para turistas y visitantes. El 5 de marzo de 2026, el Ayuntamiento informó de que está preparando un plan especial que permitirá ubicar apartahoteles, flex living y otros formatos de alojamiento de corta y media duración en más de 240 solares de ocho distritos, principalmente en zonas industriales con una función comercial ya consolidada. Desde el Ayuntamiento subrayan que el objetivo de esta medida es descentralizar el flujo turístico y sacar el alojamiento de corta duración de los barrios residenciales tradicionales.
De este modo, Madrid no solo limita el alquiler a corto plazo, sino que reestructura todo el modelo de alojamiento turístico: la vivienda en edificios residenciales recibe una protección más estricta, mientras que los nuevos formatos de alojamiento se dirigen a zonas no residenciales y emplazamientos especializados. Ante la presión del turismo sobre el mercado inmobiliario de la capital española, esta política se perfila como una de las más estrictas entre las grandes ciudades europeas.