Según informa Fixygen, El Salvador sigue siendo el principal experimento estatal con criptomonedas del mundo: después de que, en 2021, el presidente Nayib Bukele convirtiera el bitcoin en curso legal junto al dólar, el país ha integrado la criptomoneda en su identidad económica y política. Sin embargo, en enero de 2025, el Parlamento de la República modificó rápidamente la ley sobre el bitcoin tras un acuerdo con el FMI por valor de 1.400 millones de dólares: la aceptación del BTC por parte del sector privado pasó a ser voluntaria, aunque las autoridades dejaron claro que no renunciarían a la estrategia de acumular bitcoins en las reservas.
En esencia, en El Salvador rige ahora un modelo híbrido. El bitcoin ya no se impone a las empresas como medio de pago obligatorio, los impuestos deben pagarse en dólares estadounidenses y el papel del Estado en el propio proyecto del bitcoin quedó formalmente limitado por las condiciones del programa con el FMI. En los documentos del fondo se indica expresamente que las enmiendas a la ley han eliminado los rasgos clave de la moneda de curso legal obligatoria: la aceptación de BTC pasó a ser voluntaria, se ha suprimido el pago de impuestos en bitcoines y la participación del sector público debe ser moderada.
Sin embargo, Bukele y su equipo no han abandonado el curso de las criptomonedas. Ya en diciembre de 2024, la Oficina Nacional de Bitcoin declaró que el país seguiría comprando BTC para las reservas estratégicas, y en agosto de 2025, Reuters informó de que El Salvador ya tenía alrededor de 682 millones de dólares en bitcoins y estaba transfiriendo las reservas de una dirección a varios monederos nuevos para aumentar la seguridad y la transparencia. El rastreador público de la Oficina de Bitcoin sigue funcionando, y los agregadores especializados que se basan en los datos de la oficina estiman ahora las reservas del país en aproximadamente 7.500 BTC.
En cuanto al uso real de la criptomoneda dentro del país, el experimento se ha vuelto mucho más pragmático que en 2021-2022. Formalmente, el bitcoin no ha desaparecido de la agenda estatal, pero el modelo práctico ha pasado de la idea del «bitcoin como dinero cotidiano» al concepto del «bitcoin como activo de reserva e imagen del Estado». Esto permite a El Salvador mantener su estatus de símbolo criptográfico global sin entrar en conflicto directo con las condiciones de la financiación internacional. Esta conclusión se desprende de la comparación entre las enmiendas de enero, las condiciones del programa del FMI y las posteriores declaraciones del Gobierno sobre la continuación de la acumulación de BTC.
A nivel macroeconómico, la situación financiera del país en 2025 parecía más estable que en años anteriores. El FMI aprobó para El Salvador un programa EFF de 40 meses por valor de 1.400 millones de dólares, y el paquete total de apoyo externo previsto se estimaba en más de 3.500 millones de dólares.
Tras la primera revisión del programa, el Fondo informó del cumplimiento de los objetivos fiscales y de reservas clave, así como de la asignación de unos 118 millones de dólares adicionales, lo que elevó el volumen total de los fondos ya transferidos a aproximadamente 231 millones de dólares.
La economía, sin embargo, no se encuentra en crisis, pero tampoco muestra un crecimiento explosivo. Según las estimaciones del FMI, el PIB de El Salvador debería crecer un 2,5 % en 2025, y el Banco Mundial espera una dinámica similar también en 2026. La presión inflacionaria sigue siendo moderada: el Banco Mundial señaló que en 2024 la inflación se redujo al 0,9 %, y en 2025 los precios se mantuvieron en general estables en comparación con el primer semestre de 2024; el FMI pronosticó una inflación de alrededor del 1 % en 2025.
En el plano fiscal, el país también presenta un panorama más favorable que hace un par de años, aunque la carga de la deuda sigue siendo elevada. El Banco Mundial señaló que la deuda pública de El Salvador alcanzó un máximo del 88,9 % del PIB en 2024. Al mismo tiempo, el Gobierno está llevando a cabo una consolidación rigurosa: el FMI prevé un superávit primario del 1,9 % del PIB para finales de 2025, y los diferenciales soberanos, según datos del fondo, se han reducido de más de 700 puntos básicos a finales de 2023 a aproximadamente 390 p. p. en junio de 2025.
La conclusión para el mercado de las criptomonedas es la siguiente: El Salvador ya no parece un país donde el bitcoin vaya a sustituir al dólar en la economía cotidiana, pero sigue siendo un país donde el BTC está integrado en la estrategia estatal, la marca nacional y la política de reservas. Para el mercado, esta es una señal importante: el modelo de Bukele no ha muerto, sino que ha pasado de una fase de experimento radical a una fase de cripto-soberanía más cautelosa, pero aún así demostrativa.