Kazajistán tiene previsto dejar de comprar electricidad a Rusia por completo a partir de 2027 gracias a la puesta en marcha de sus propias instalaciones energéticas, según ha declarado el viceministro de Energía del país, Sungat Esimkhanov.
Según él, si las instalaciones energéticas previstas entran en funcionamiento a finales de 2026 o principios de 2027, Kazajistán podrá satisfacer la demanda interna sin necesidad de suministros rusos. «Si ponemos en funcionamiento todas nuestras instalaciones energéticas previstas a finales de este año o a principios del próximo, creo que en 2027 no compraremos electricidad a Rusia en absoluto», declaró Esimkhanov en una rueda de prensa.
En los últimos años, Kazajistán ha comprado anualmente electricidad a Rusia debido al déficit de su propia capacidad. Según datos del Ministerio de Energía, el déficit se está reduciendo: en 2024 ascendió a 2100 millones de kWh, en 2025 será de unos 1500 millones de kWh, y en 2026 se espera que se sitúe entre 1000 y 1200 millones de kWh. En 2027, las autoridades esperan reducir este indicador a cero.
Anteriormente, el ministro de Energía de Kazajistán, Erlan Akkenzhenov, declaró que el país tiene la intención de cubrir por completo las necesidades energéticas de la economía antes de que finalice el primer trimestre de 2027. Para ello, en Kazajistán se están llevando a cabo 81 proyectos energéticos con una potencia total de 15,3 GW y un volumen de inversión superior a 13 billones de tenge, es decir, más de 25 000 millones de dólares.
La renuncia a los suministros rusos supondrá un hito importante en la política energética de Kazajistán. Para el país, esto significa reducir la dependencia de fuentes externas de electricidad y pasar a un modelo de balance energético más autónomo. No obstante, el éxito del plan dependerá de los plazos de puesta en marcha de las nuevas instalaciones, del estado de las redes y de la capacidad del sistema energético para cubrir los picos de demanda.
La decisión también tiene relevancia regional. Kazajistán sigue formando parte del sistema energético integrado de Asia Central y está conectado al sistema energético ruso, por lo que la reducción de las importaciones de la Federación Rusa no supone una ruptura tecnológica total. Sin embargo, desde el punto de vista económico y político, la apuesta por sustituir los suministros rusos demuestra el deseo de Astana de reforzar su propia seguridad energética y reducir su vulnerabilidad ante las interrupciones externas.
Para Rusia, esto supone una pérdida gradual de parte de la demanda de exportación de electricidad por parte de Kazajistán. Para Asia Central, es una señal para acelerar la modernización de la generación, la construcción de nuevas centrales térmicas, el desarrollo de las energías renovables y el aumento de la fiabilidad de las redes, ya que el déficit de potencia sigue siendo uno de los principales problemas de infraestructura de la región.