Líbano se prepara para poner en marcha el programa de «permiso de residencia de oro» para inversores extranjeros con un umbral mínimo de inversión de 500 mil dólares. La iniciativa tiene como objetivo ayudar al país a atraer capital, crear puestos de trabajo y apoyar la recuperación económica tras una crisis financiera que se ha prolongado durante muchos años.
El proyecto ha sido aprobado por la Comisión de Finanzas y Presupuesto del Parlamento libanés. Ahora, el documento debe someterse a un examen más detallado y obtener la aprobación del Parlamento.
Según la iniciativa, los inversores extranjeros podrán obtener un permiso de residencia en Líbano siempre que inviertan al menos 500 000 dólares en los sectores económicos aprobados. Se trata específicamente de un programa de residencia, y no de la venta directa de la ciudadanía o de pasaportes.
Líbano intenta sumarse a la competencia global por los inversores acaudalados, en la que ya participan activamente países de Oriente Próximo, Europa y el Caribe. Este tipo de programas suelen ofrecer a los extranjeros el derecho de residencia a cambio de inversiones en inmuebles, negocios, fondos, instrumentos estatales o sectores estratégicos.
Para el Líbano, la puesta en marcha de este programa reviste una importancia especial. Desde 2019, el país atraviesa una de las crisis financieras y económicas más graves de su historia: el sistema bancario ha restringido el acceso de los depositantes a sus fondos, la moneda nacional se ha devaluado drásticamente y las finanzas públicas siguen bajo presión.
En estas circunstancias, el «visado dorado» se considera un instrumento para atraer capital extranjero sin aumentar de inmediato la carga de la deuda. El efecto potencial podría manifestarse en inversiones en el sector inmobiliario, el turismo, los servicios, las infraestructuras, la sanidad privada, la educación y los proyectos tecnológicos.
Sin embargo, este modelo también conlleva riesgos. Para que el programa del Líbano sea eficaz, se necesitan normas transparentes de selección de inversores, la verificación del origen de los fondos, una lista clara de los sectores autorizados, protección frente a las inversiones especulativas y un control para garantizar que las inversiones realmente contribuyan a la economía, y no se limiten a otorgar un derecho formal de residencia.
La experiencia internacional demuestra que los «visados de oro» pueden atraer capital rápidamente, pero, en condiciones de escasa regulación, se convierten en una fuente de riesgos reputacionales, fiscales y financieros. Por lo tanto, para el Líbano, la cuestión clave no será el lanzamiento del programa en sí, sino la calidad de su gestión.
Si el programa se lleva a cabo de forma transparente, puede convertirse en uno de los canales adicionales para restablecer la confianza en la economía libanesa. Sin embargo, no podrá sustituir a unas reformas estructurales completas, a la estabilización del sistema bancario ni a la previsibilidad política.