Dos profesionales pueden tener la misma formación, una experiencia similar y trabajar con el mismo stack o producto. Sin embargo, a uno le ofrecen un puesto dentro del equipo local, mientras que al otro se le confían las presentaciones, las llamadas con los clientes y la coordinación con las oficinas de otros países. El salario de estos puestos también difiere.
A primera vista, parece que la empresa paga un plus por el inglés. En realidad, paga por un abanico más amplio de tareas que la persona es capaz de realizar sin la ayuda constante de sus compañeros.
El inglés no genera valor profesional de la nada. Un profesional mediocre no se convierte en excelente solo por hablar con fluidez. Pero para un profesional competente, el idioma abre una parte del mercado que, de otro modo, permanecería inaccesible.
Las empresas rara vez evalúan el dominio del idioma al margen del trabajo. Para ellas es importante que el empleado sea capaz de dirigir una reunión por sí mismo, aclarar requisitos, explicar riesgos, presentar soluciones o acordar el siguiente paso.
La diferencia se hace especialmente notable en los sectores de exportación, las empresas de servicios internacionales, TI, consultoría, marketing, logística y ventas. Allí, el inglés cambia no solo la forma de comunicarse, sino también los límites de la responsabilidad.
Un profesional que no domine el inglés laboral puede desempeñar a la perfección su parte del proyecto, pero necesitará un intermediario en cada llamada. Alguien más tendrá que traducir la solicitud del cliente, verificar la respuesta, explicar el contexto y hacerse cargo de una conversación compleja. Para la empresa, esto supone tiempo adicional y dependencia de personas a las que no siempre es posible recurrir de inmediato.
Cuando un empleado se comunica directamente, la cadena se acorta. Recibe la información más rápido, se pierde menos en la transmisión y puede responsabilizarse del resultado de un ámbito de trabajo más amplio. Es precisamente esta autonomía la que a menudo tiene un valor monetario.
Los estudios sobre el mercado ucraniano de TI muestran regularmente una relación entre un mayor nivel de inglés y unos ingresos más elevados. Pero hay que interpretar estos datos con cautela.
Las personas con un mejor nivel de inglés suelen trabajar en empresas internacionales, tienen más experiencia, ocupan puestos de mayor responsabilidad y realizan tareas que requieren comunicación directa. Por eso, no se puede tomar la diferencia media en los salarios y concluir que pasar del nivel B1 al B2 añadirá automáticamente una cantidad determinada a los ingresos mensuales.
El mercado no funciona así, aunque sería muy cómodo: aprendes los verbos compuestos y recibes una notificación de la contabilidad sobre un aumento de sueldo.
Es más correcto hablar de una ampliación de las opciones. Un mejor dominio del inglés permite optar a puestos de trabajo en los que, sin él, ni siquiera se tendría en cuenta al candidato.
Entre ellas suelen encontrarse proyectos internacionales, puestos directivos, trabajo con clientes y puestos remunerados en moneda extranjera.
La barrera lingüística no siempre es evidente al principio. Un profesional junior o middle puede trabajar con éxito durante años en un equipo de habla ucraniana, leer la documentación y utilizar un traductor en la correspondencia.
El problema surge en el siguiente paso. Para pasar a un puesto de gestión, preventa, desarrollo de producto o trabajo con un gran cliente, ya no basta con realizar bien las propias tareas. Hay que mantener una conversación, plantear preguntas incómodas, argumentar decisiones y reaccionar sin largas pausas para prepararse.
En ese caso, el responsable puede optar no por el candidato con mayores habilidades técnicas, sino por aquel a quien le resulte más seguro confiar la comunicación externa. Esto no siempre es justo desde el punto de vista de la competencia profesional, pero es comprensible desde la perspectiva de los riesgos de la empresa.
La barrera lingüística en una situación así no resta valor al trabajo ya realizado. Limita las tareas por las que se está dispuesto a pagar más a una persona.
La frase «se necesita inglés» es demasiado imprecisa. Para un puesto, basta con leer documentación técnica y mantener una correspondencia breve. Para otro, hay que moderar reuniones a diario, negociar presupuestos o comunicar malas noticias al cliente.
Por eso, el objetivo debe definirse en función de las acciones laborales, y no solo a través de un nivel del MCER.
Por ejemplo:
Dos ofertas de empleo que exijan el nivel B2 pueden requerir un nivel de seguridad lingüística totalmente diferente. En una basta con una comunicación interna previsible. En la otra, la persona trabaja a diario con acentos, objeciones y preguntas improvisadas.
Lo que ofrece un mayor rendimiento no es una mejora abstracta del inglés, sino la eliminación de una limitación concreta.
Si un profesional ya ve ofertas de trabajo a las que no se presenta por miedo a la entrevista, el objetivo está claro. Si un responsable está dispuesto a ascender a un empleado una vez que este sea capaz de atender a un cliente por su cuenta, también está claro. Si el trabajo no requiere inglés y esto no va a cambiar en un futuro próximo, el beneficio económico puede ser considerablemente menor.
Por eso mismo, el programa debe estructurarse en torno a tareas reales: entrevistas de trabajo, llamadas de trabajo, presentaciones, correspondencia o negociaciones. La escuela en línea My English by Business Language, que trabaja con adultos en Ucrania y con ucranianos en el extranjero, ayuda a prepararse de forma sistemática para ellas.
El inglés no garantiza un ascenso ni sustituye a la competencia profesional. Hace algo más: elimina aquellas situaciones en las que a un buen profesional no se le permite acceder a un puesto de mayor responsabilidad simplemente porque parte del trabajo se desarrolla en otro idioma.
Para una persona cuyo sector está relacionado con el mercado internacional, esto ya no es una simple línea decorativa en el currículum. Es parte de la capacidad profesional y, por lo tanto, uno de los factores que influyen en los ingresos.
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