El ministro de Justicia francés, Gérald Darmanin, ha propuesto instaurar una moratoria temporal sobre la inmigración legal por un periodo de tres años, afirmando que el país ha llegado al límite de su capacidad para integrar y asimilar a los recién llegados.
Según Le Parisien, citando una entrevista de Darmanin al Journal du Dimanche, el ministro considera necesario «poner fin a la inmigración tal y como existe hoy en día». Propone suspender la inmigración legal durante tres años y reformar la Constitución para introducir cuotas restrictivas, y no solo recomendatorias, para la entrada de extranjeros.
Anteriormente, Darmanin ya se había pronunciado a favor de una suspensión temporal de la inmigración regular durante dos o tres años. Se refería a la migración laboral y a la reagrupación familiar, si bien se podrían mantener posibles excepciones para médicos, investigadores y determinadas categorías de estudiantes. Tras la moratoria, el ministro proponía pasar a un sistema de cuotas migratorias, cuyo volumen se determinaría tras consultar a los ciudadanos.
La propuesta de Darmanin aún no es una política estatal adoptada. Para su implementación se necesitarán una decisión política, un procedimiento legislativo y, según el propio ministro, una modificación de la Constitución. Sin embargo, la iniciativa pone de manifiesto el recrudecimiento del debate migratorio en Francia en vísperas de las elecciones presidenciales de 2027.
Las posibles restricciones podrían afectar a varios canales principales de entrada legal: la migración laboral, parte de los programas de estudios y la reagrupación familiar. Al mismo tiempo, Francia necesita personal extranjero en medicina, ciencia, determinados sectores de servicios y profesiones con escasez de mano de obra, lo que hace que una posible moratoria resulte políticamente y económicamente controvertida.
La cuestión migratoria sigue siendo uno de los temas centrales de la política interior de Francia. Según datos de Le Monde, en 2025 el país expidió más de 380 000 primeros permisos de residencia a ciudadanos de países no pertenecientes a la UE, lo que supone un 11 % más que el año anterior. Aproximadamente la mitad de los nuevos permisos correspondieron a estudiantes y motivos humanitarios: los estudiantes internacionales obtuvieron unos 118 000 permisos, las categorías humanitarias —unos 92 000—, la migración familiar ascendió a unos 91 000, mientras que la inmigración profesional se redujo casi un 13 %, hasta unos 51 000 permisos.
En la estructura general de la inmigración en Francia, históricamente predominan los procedentes del norte de África y del sur de Europa. Según los datos proporcionados por The Connexion a partir de INSEE, entre los inmigrantes por país de nacimiento, los grupos más numerosos son los procedentes de Argelia (12,4 %), Marruecos (11,7 %), Portugal (7,3 %), Túnez (4,9 %), Italia (3,6 %), Turquía (3,4 %) y España (3,1 %). Estos siete países representan el 46,4 % del total de inmigrantes en Francia.
Los ucranianos ocupan un lugar especial en el panorama migratorio actual de Francia como beneficiarios de protección temporal tras el inicio de la guerra a gran escala de la Federación de Rusia contra Ucrania. Según datos de Eurostat, a finales de marzo de 2026, 4,33 millones de ciudadanos y residentes de Ucrania gozaban de protección temporal en los países de la UE. Los principales países de acogida de refugiados fueron Alemania, Polonia y la República Checa. En las tablas de Eurostat por países, para Francia se indican, a marzo de 2026, unas 70 700 personas bajo protección temporal.
Para Francia, una posible moratoria supondría uno de los giros más drásticos en la política migratoria de los últimos años. Para las empresas, puede suponer un acceso más complicado a la mano de obra extranjera; para las universidades, el riesgo de una reducción de la matriculación internacional; y para los programas de migración familiar, una incertidumbre adicional. Al mismo tiempo, los ucranianos bajo protección temporal se rigen por un régimen europeo específico, que opera en el marco de las decisiones de la UE y no es una inmigración laboral o familiar convencional.