Indonesia tiene previsto autorizar, por primera vez, la doble nacionalidad de forma limitada para determinados miembros de la diáspora nacional y para profesionales altamente cualificados. El presidente del país, Prabowo Subianto, presentó la iniciativa correspondiente y propuso al Parlamento que introdujera modificaciones en la legislación sobre la nacionalidad. El presidente presentó la iniciativa durante su intervención en el Parlamento con el proyecto de presupuesto estatal de Indonesia para 2027.
Según sus palabras, el nuevo régimen no se aplicará a todos aquellos que deseen obtener un segundo pasaporte. Se trata de una doble nacionalidad limitada para profesionales y miembros de la diáspora en los que el Estado tiene interés.
Entre las posibles categorías, Prabowo mencionó a científicos, médicos, ingenieros, especialistas en inteligencia artificial, investigadores, empresarios, artistas y deportistas.
«Proponemos permitir la doble nacionalidad a determinados talentos que el país necesita», declaró el presidente.
Según él, las autoridades no deben obligar a los indonesios más exitosos a elegir entre una carrera internacional y mantener el vínculo con su patria histórica.
Se prevé que los posibles beneficiarios de la doble nacionalidad se sometan a un proceso de selección específico, en particular a una verificación de fiabilidad. Está previsto que los derechos y obligaciones de dichos ciudadanos se definan por separado en la legislación, teniendo en cuenta cuestiones de seguridad nacional.
La legislación vigente en Indonesia, en general, no reconoce la doble nacionalidad para los adultos.
Los niños que hayan obtenido la nacionalidad de dos países pueden conservar temporalmente ambas, pero al alcanzar la edad establecida por la ley deben elegir una sola nacionalidad.
Por lo tanto, la puesta en práctica de la iniciativa de Prabowo requerirá una modificación de la ley vigente y la aprobación del Parlamento. Aún no se ha anunciado el plazo para la aprobación de las enmiendas correspondientes.
La iniciativa supone la continuación de un debate de muchos años sobre cómo atraer a la diáspora indonesia. Ya en 2024, las autoridades debatieron públicamente la posibilidad de la doble nacionalidad para antiguos ciudadanos y profesionales de origen indonesio.
Las autoridades citan la fuga de personal cualificado como una de las razones de la reforma. Según datos de la Dirección General de Inmigración de Indonesia, casi 4 000 indonesios obtuvieron la ciudadanía de Singapur entre 2019 y 2022, renunciando a su pasaporte indonesio. Las autoridades esperan que la posibilidad de conservar la ciudadanía indonesia permita a los profesionales desarrollar una carrera internacional sin romper los vínculos jurídicos con el país.
La incorporación de la diáspora ya es especialmente notable en el ámbito deportivo. En los últimos años, la selección indonesia de fútbol ha contado con varios jugadores nacidos principalmente en los Países Bajos y con raíces indonesias. Para ellos, las autoridades han llevado a cabo procedimientos específicos de obtención de la ciudadanía.
En vísperas de una posible reforma, Indonesia ha puesto en marcha el programa Global Citizenship of Indonesia (GCI).
Este programa permite a los antiguos ciudadanos de Indonesia y a algunos extranjeros de origen indonesio obtener un permiso de residencia de duración indefinida con derecho a entrar en el país en múltiples ocasiones, sin necesidad de renunciar a su actual nacionalidad extranjera. Sin embargo, el GCI no equivale a la ciudadanía indonesia y no da derecho a obtener un pasaporte indonesio.
El programa se aplica, en particular, a los antiguos ciudadanos de Indonesia, a sus descendientes y a determinadas categorías de familiares que tengan vínculos con Indonesia.
La doble nacionalidad limitada que se propone actualmente debería ir mucho más allá y permitir a determinados miembros de la diáspora conservar su nacionalidad extranjera y, al mismo tiempo, recuperar u obtener la indonesia.
ciudadanía, doble nacionalidad, INDONESIA, inmigración, ДІАСПОРА
La Administración del presidente de EE. UU., Donald Trump, está estudiando la posibilidad de introducir fianzas reembolsables de hasta 100 000 dólares para determinados extranjeros que soliciten visados de inmigración y tarjetas verdes a través de los consulados estadounidenses en el extranjero.
La propuesta la están elaborando el Departamento de Estado de EE. UU. junto con el Departamento de Seguridad Nacional. Aún no se ha tomado una decisión definitiva, ni se han publicado las normas oficiales ni la lista de categorías de solicitantes. El importe de la fianza que se está debatiendo podría determinarse de forma individual y ser tanto inferior como superior a la cantidad orientativa de 100 000 dólares.
Se prevé que el requisito se pruebe inicialmente con ciudadanos de un número limitado de países. La fianza podrá ser abonada tanto por el propio solicitante como por familiares o patrocinadores que residan en EE. UU.
Según datos de The Wall Street Journal, está previsto devolver el dinero una vez que el inmigrante haya obtenido la ciudadanía estadounidense. La naturalización suele ser posible no antes de cinco años tras la obtención del estatus de residente permanente. De este modo, una cantidad considerable podría permanecer bloqueada durante varios años.
El Departamento de Estado ha declarado que está estudiando las facultades ya existentes que permiten exigir una garantía financiera a determinados solicitantes. El objetivo de la iniciativa es confirmar que el futuro inmigrante dispone de los medios necesarios para mantenerse por sí mismo y no dependerá de la ayuda pública.
La legislación estadounidense permite denegar la concesión de un visado a un extranjero que, a juicio del funcionario consular, sea un posible beneficiario de ayudas públicas. En la evaluación se tienen en cuenta la edad, el estado de salud, la formación, las competencias profesionales, los recursos económicos y la situación familiar del solicitante.
La normativa federal vigente ya prevé la posibilidad de conceder un visado de inmigración tras el pago de una fianza, siempre que esta elimine el riesgo de que el solicitante sea considerado una carga financiera potencial para el Estado. Dicha fianza podrá liberarse tras la naturalización, la salida definitiva de EE. UU. o el fallecimiento del extranjero, siempre que no se hayan incumplido las condiciones.
El mecanismo propuesto no debe confundirse con el programa piloto vigente de fianzas para los visados turísticos y de negocios B-1/B-2. En el marco de este programa, a determinados solicitantes procedentes de países con un alto índice de incumplimientos del régimen de visados se les puede exigir una fianza reembolsable de hasta 15 000 dólares.
La introducción de una fianza de 100 000 dólares podría limitar considerablemente el acceso a la inmigración familiar para los solicitantes con ingresos medios y bajos. Las visas de inmigración suelen ser solicitadas por cónyuges, padres, hijos y otros familiares de ciudadanos o residentes permanentes de EE. UU.
Por el momento, se trata únicamente de una iniciativa que se está estudiando. Los solicitantes no están obligados a abonar dicha fianza hasta que se publique la decisión oficial y se reciba la correspondiente notificación del consulado estadounidense.
El ministro de Justicia francés, Gérald Darmanin, ha propuesto instaurar una moratoria temporal sobre la inmigración legal por un periodo de tres años, afirmando que el país ha llegado al límite de su capacidad para integrar y asimilar a los recién llegados.
Según Le Parisien, citando una entrevista de Darmanin al Journal du Dimanche, el ministro considera necesario «poner fin a la inmigración tal y como existe hoy en día». Propone suspender la inmigración legal durante tres años y reformar la Constitución para introducir cuotas restrictivas, y no solo recomendatorias, para la entrada de extranjeros.
Anteriormente, Darmanin ya se había pronunciado a favor de una suspensión temporal de la inmigración regular durante dos o tres años. Se refería a la migración laboral y a la reagrupación familiar, si bien se podrían mantener posibles excepciones para médicos, investigadores y determinadas categorías de estudiantes. Tras la moratoria, el ministro proponía pasar a un sistema de cuotas migratorias, cuyo volumen se determinaría tras consultar a los ciudadanos.
La propuesta de Darmanin aún no es una política estatal adoptada. Para su implementación se necesitarán una decisión política, un procedimiento legislativo y, según el propio ministro, una modificación de la Constitución. Sin embargo, la iniciativa pone de manifiesto el recrudecimiento del debate migratorio en Francia en vísperas de las elecciones presidenciales de 2027.
Las posibles restricciones podrían afectar a varios canales principales de entrada legal: la migración laboral, parte de los programas de estudios y la reagrupación familiar. Al mismo tiempo, Francia necesita personal extranjero en medicina, ciencia, determinados sectores de servicios y profesiones con escasez de mano de obra, lo que hace que una posible moratoria resulte políticamente y económicamente controvertida.
La cuestión migratoria sigue siendo uno de los temas centrales de la política interior de Francia. Según datos de Le Monde, en 2025 el país expidió más de 380 000 primeros permisos de residencia a ciudadanos de países no pertenecientes a la UE, lo que supone un 11 % más que el año anterior. Aproximadamente la mitad de los nuevos permisos correspondieron a estudiantes y motivos humanitarios: los estudiantes internacionales obtuvieron unos 118 000 permisos, las categorías humanitarias —unos 92 000—, la migración familiar ascendió a unos 91 000, mientras que la inmigración profesional se redujo casi un 13 %, hasta unos 51 000 permisos.
En la estructura general de la inmigración en Francia, históricamente predominan los procedentes del norte de África y del sur de Europa. Según los datos proporcionados por The Connexion a partir de INSEE, entre los inmigrantes por país de nacimiento, los grupos más numerosos son los procedentes de Argelia (12,4 %), Marruecos (11,7 %), Portugal (7,3 %), Túnez (4,9 %), Italia (3,6 %), Turquía (3,4 %) y España (3,1 %). Estos siete países representan el 46,4 % del total de inmigrantes en Francia.
Los ucranianos ocupan un lugar especial en el panorama migratorio actual de Francia como beneficiarios de protección temporal tras el inicio de la guerra a gran escala de la Federación de Rusia contra Ucrania. Según datos de Eurostat, a finales de marzo de 2026, 4,33 millones de ciudadanos y residentes de Ucrania gozaban de protección temporal en los países de la UE. Los principales países de acogida de refugiados fueron Alemania, Polonia y la República Checa. En las tablas de Eurostat por países, para Francia se indican, a marzo de 2026, unas 70 700 personas bajo protección temporal.
Para Francia, una posible moratoria supondría uno de los giros más drásticos en la política migratoria de los últimos años. Para las empresas, puede suponer un acceso más complicado a la mano de obra extranjera; para las universidades, el riesgo de una reducción de la matriculación internacional; y para los programas de migración familiar, una incertidumbre adicional. Al mismo tiempo, los ucranianos bajo protección temporal se rigen por un régimen europeo específico, que opera en el marco de las decisiones de la UE y no es una inmigración laboral o familiar convencional.