Moldavia podría considerar la unión con Rumanía como un escenario alternativo si las negociaciones para la adhesión del país a la Unión Europea después de 2028 se bloquean o se ralentizan considerablemente, según informa Euractiv citando al viceprimer ministro y ministro de Desarrollo Económico y Digitalización de Moldavia, Eugen Osmochescu.
Según Osmochescu, el objetivo principal de Chisinau sigue siendo el mismo: la firma del tratado de adhesión a la UE a finales de 2028. Subrayó que la unión con Rumanía no es el escenario oficial actual, pero podría considerarse como un «plan B» si la integración europea de Moldavia se enfrentara a obstáculos políticos insuperables.
Esta declaración refleja la creciente preocupación en Chisinau por una posible prolongación del proceso de ampliación de la UE. Moldavia obtuvo el estatus de candidato a la adhesión a la Unión Europea en 2022 junto con Ucrania, y el proceso de negociación depende no solo de la aplicación de las reformas, sino también de las decisiones políticas de los Estados miembros de la UE.
La posible unificación con Rumanía sigue siendo un tema delicado para la política moldava. Los partidarios de este escenario señalan la coincidencia de idioma, historia y cultura, así como el hecho de que una parte significativa de la población de Moldavia posea la ciudadanía rumana. Los detractores consideran que la cuestión podría agravar las divisiones políticas internas, complicar las relaciones con parte de la población y agudizar el problema de Transnistria.
Para Rumanía, el posible debate de este escenario también tiene un complejo significado político y jurídico. Rumanía es miembro de la UE y de la OTAN, por lo que cualquier opción de modificación de fronteras, unión de Estados o incorporación de nuevos territorios requeriría no solo decisiones de Bucarest y Chisinau, sino también tener en cuenta la posición de la Unión Europea, la OTAN y los socios internacionales.
El factor de Transnistria reviste especial importancia. La región de la margen izquierda del Dniéster no está controlada de facto por las autoridades centrales de Moldavia desde principios de la década de 1990, en su territorio está presente un contingente militar ruso y la resolución política del conflicto sigue estancada. Cualquier escenario de integración acelerada de Moldavia en la UE o de unificación con Rumanía estará inevitablemente vinculado a la cuestión del estatus de Transnistria.
En este sentido, la declaración de Osmochescu debe considerarse, por el momento, más bien como una señal política a Bruselas sobre la necesidad de mantener una perspectiva clara de adhesión para Moldavia, y no como el inicio de un proceso oficial de unificación con Rumanía. De este modo, Chisinau muestra que el retraso en la ampliación de la UE puede estimular la búsqueda de vías alternativas de integración europea.
La superficie de Moldavia es de unos 33 800 km², y su población ronda los 2,4-3,0 millones de personas, dependiendo de la metodología de cálculo y del recuento de los ciudadanos que residen en el extranjero. Rumanía es un Estado del sudeste de Europa, miembro de la UE y de la OTAN, con una superficie de unos 238 400 km² y una población de entre 18,8 y 19,1 millones de personas.
Transnistria es una entidad no reconocida situada en la margen izquierda del Dniéster, que proclamó su independencia de Moldavia a principios de la década de 1990 y que, de facto, no está controlada por Chisinau. Ningún Estado miembro de la ONU reconoce la independencia de Transnistria. Solo lo reconocen otras entidades no reconocidas o parcialmente reconocidas: Abjasia y Osetia del Sur; anteriormente también lo reconocía Nagorno-Karabaj/Artsaj, que dejó de existir tras los acontecimientos de 2023. La comunidad internacional considera a Transnistria como parte del territorio soberano de Moldavia.