En Letonia, el programa de los denominados «visados dorados» ha vuelto a ser objeto de un escándalo después de que la Oficina de Inteligencia Financiera del país descubriera más de 20 empresas que, según sus estimaciones, se utilizaban para realizar inversiones ficticias con el fin de obtener permisos de residencia. Así lo informó el medio de comunicación público letón LSM, citando al programa de investigación De Facto.
Según la investigación, unos 200 extranjeros invirtieron más de 10 millones de euros en el capital social de dichas empresas. Al mismo tiempo, como se señala, los fondos a menudo no se utilizaban para una actividad económica real, sino que se desviaban a los organizadores del esquema o circulaban en bucle entre personas vinculadas, sin aportar un beneficio apreciable a la economía de Letonia, pero proporcionando formalmente una base para solicitar el permiso de residencia.
El programa prevé la posibilidad de obtener un permiso de residencia temporal en Letonia mediante una inversión de 50 000 o 100 000 euros en el capital de una empresa. En 2025, este procedimiento reportó al país casi 6 millones de euros, y en total obtuvieron el permiso de residencia 341 personas, incluidos los inversores y sus familiares. Al mismo tiempo, como subraya LSM, el Estado no evalúa de forma sistemática la importancia de la contribución real de estas empresas, ya sea en términos de volumen de negocio, número de empleados o actividad efectiva.
El interés por el programa ha crecido en los últimos años. Según datos de la Oficina de Ciudadanía y Migración de Letonia, el año pasado se presentaron 109 solicitudes, más de cinco veces más que en 2021, cuando fueron 20. Sin embargo, solo se concedió una resolución positiva a aproximadamente un tercio de las solicitudes, ya que los solicitantes son sometidos a controles de seguridad y fiabilidad.
La investigación también cita el ejemplo de la empresa L Hotels, creada hace aproximadamente un año y medio. Nueve de sus inversores solicitaron el permiso de residencia el año pasado, y en la lista de accionistas de la empresa figuran 30 personas de la India, Afganistán, Pakistán, Turquía, Chile, Malaui, Siria, Vanuatu y otros países. La mayoría de ellos invirtieron 100 000 euros cada uno, pero recibieron acciones de clase B, que, según los estatutos, no otorgan derecho a voto.
El director del Servicio de Inteligencia Financiera, Toms Platacis, declaró que, en algunos casos, los 50 000 euros exigidos por ley eran, en realidad, el mismo dinero utilizado repetidamente en un círculo vicioso. LSM destaca que esta historia ha reavivado las críticas al programa, que en un principio debía estimular la inversión y atraer a extranjeros acaudalados, pero que desde el principio ha estado acompañado de acusaciones de abusos.