Según informa Experts Club, caminar con regularidad, realizar ejercicios de fuerza y evitar permanecer inmóvil durante mucho tiempo ayudan a mantener la funcionalidad de las articulaciones de las rodillas y a reducir el impacto de los factores relacionados con el desarrollo de la osteoartritis. Sin embargo, incluso los cambios evidentes en las radiografías no siempre significan que la persona deba dejar de realizar actividad física. Así se recoge en un artículo de The Washington Post.
El traumatólogo estadounidense Howard Lux, especializado en enfermedades de las articulaciones de las rodillas, considera que uno de los errores más comunes de los pacientes con dolor de rodillas es limitar en exceso el movimiento. En su opinión, un diagnóstico de osteoartritis o las lesiones de menisco detectadas durante una exploración no implican necesariamente un deterioro irreversible de la función articular.
Tal y como señala el especialista, el movimiento desempeña un papel importante en la nutrición del tejido cartilaginoso. Durante la carga y la posterior descarga de la articulación, el líquido sinovial circula por el cartílago, garantizando el aporte de los nutrientes necesarios. La actividad física también contribuye a mantener los músculos que estabilizan la rodilla.
Lax recomienda empezar con una carga que resulte llevadera, por ejemplo, con un paseo diario de diez minutos, aumentando gradualmente su duración hasta los 30-60 minutos. Además, conviene realizar ejercicios de fuerza destinados a fortalecer los músculos de las piernas y a mantener la salud metabólica general.
Al mismo tiempo, el médico subraya que las molestias al moverse no siempre indican un daño adicional en la articulación. Sin embargo, la naturaleza y el nivel de esfuerzo admisible deben tener en cuenta el estado individual del paciente, la gravedad de los síntomas y las recomendaciones del especialista responsable del tratamiento.
En el artículo también se señala que la osteoartritis no puede considerarse exclusivamente como resultado del desgaste mecánico de las articulaciones o del envejecimiento. El estado de las rodillas puede verse afectado por trastornos metabólicos, en particular la diabetes mellitus, así como por otros factores relacionados con el metabolismo y los procesos inflamatorios del organismo.
Según el experto, mantener la actividad física permite conservar durante más tiempo la fuerza, el equilibrio y la movilidad necesarios para la vida cotidiana. Si los métodos de tratamiento conservadores no proporcionan un alivio suficiente de los síntomas y la calidad de vida se ve considerablemente mermada, una de las opciones posibles sigue siendo la artroplastia de rodilla.
Así pues, el principio básico para prevenir el deterioro funcional de las rodillas consiste en realizar ejercicio físico de forma regular y fortalecer los músculos, y no en abandonar por completo la actividad física ante los primeros signos de dolor. En caso de dolor intenso, hinchazón o un deterioro brusco de la movilidad, es necesaria una evaluación médica antes de aumentar la actividad física.