Según informa Experts.news, el Gobierno del canciller Friedrich Merz ha presentado un paquete de 34 reformas destinado a devolver la competitividad a la mayor economía de Europa tras varios años de crecimiento débil, altos costes energéticos, ralentización del desarrollo industrial y presiones sobre el modelo de exportación.
Según datos de Reuters, las medidas clave abarcan las pensiones, los impuestos, el mercado laboral, la política industrial, la energía, las infraestructuras, la vivienda, la protección comercial y la reducción de la burocracia. El Gobierno espera aprobar los elementos principales del paquete en el Parlamento antes de que finalice 2026.
Uno de los ejes centrales son las desgravaciones fiscales para los hogares, por un valor aproximado de 10 000 millones de euros al año. Para una familia trabajadora con dos hijos, el beneficio podría superar los 600 euros gracias al aumento de las deducciones fiscales y a la moderación de la progresividad para las rentas medias. Se prevé financiar esto, en parte, mediante el aumento del tipo impositivo máximo sobre la renta del 45 % al 47 % para las rentas más altas —a partir de 280 000 euros al año—.
También se pretende flexibilizar el mercado laboral. Entre las medidas figuran la supresión de la posibilidad de solicitar la baja por enfermedad por teléfono, la exigencia de un certificado médico desde el primer día de baja, la ampliación de la duración de los contratos de duración determinada hasta 48 meses para los nuevos trabajadores hasta 2030 y mecanismos más flexibles de indemnización por despido para los empleados con salarios elevados.
El bloque industrial se centra en el apoyo a los sectores de la automoción, la química, la industria farmacéutica, la ingeniería mecánica, las tecnologías limpias, las baterías, los semiconductores y la inteligencia artificial. También está previsto ampliar el mecanismo de inversión Deutschlandfonds, acelerar la conexión de las instalaciones industriales a las redes eléctricas y reducir aproximadamente a la mitad los plazos de ejecución de los proyectos de red.
Para Alemania, se trata de un intento de corregir varios problemas sistémicos a la vez. La Comisión Europea señaló en sus previsiones de mayo que, tras dos años de recesión y un crecimiento de solo el 0,2 % en 2025, la economía alemana podría crecer tan solo un 0,6 % en 2026 y un 0,9 % en 2027. Entre las causas de esta debilidad se señalaban los elevados costes energéticos, la debilidad de las exportaciones, la competencia de China, los riesgos arancelarios y el retraso en la reactivación de las inversiones.
El paquete puede dar un nuevo impulso a Alemania, pero no será una solución milagrosa. Según las estimaciones de los economistas citadas por Reuters, si la reforma se aplica de forma completa y rápida, la tasa de crecimiento económico a largo plazo podría aumentar de aproximadamente el 0,4 % al 0,7 % anual. Se trata de una mejora, pero no de un retorno al antiguo modelo de fuerte crecimiento industrial.
El principal efecto para la economía alemana podría manifestarse a través de tres vías: la reducción de los costes administrativos para las empresas, el aumento de la demanda interna gracias a las desgravaciones fiscales y la aceleración de las inversiones en infraestructuras, energía y sectores tecnológicos. Sin embargo, el punto débil sigue siendo el mismo: Alemania depende de las exportaciones y de las cadenas industriales globales, que actualmente se ven sometidas a la presión de la geopolítica, los aranceles y la competencia de China.
Las consecuencias serán diferentes para los principales socios comerciales de Alemania. En 2025, China volvió a convertirse en el mayor socio comercial de Alemania, con un volumen de negocio de 251 800 millones de euros. Estados Unidos ocupó el segundo lugar, con 240 500 millones de euros, y los Países Bajos, el tercero, con 209 100 millones de euros. No obstante, EE. UU. siguió siendo el principal mercado para las exportaciones alemanas, aunque los envíos de automóviles, remolques y semirremolques a EE. UU. se redujeron un 17,8 %.
Para China, las reformas de Alemania suponen un aumento de la competencia en la industria, especialmente en los sectores de los vehículos eléctricos, las baterías, la ingeniería mecánica y las tecnologías limpias. Berlín ha manifestado expresamente su intención de reforzar los instrumentos antidumping y antisubvenciones de la UE y de estudiar la exigencia de transferencia de tecnología en sectores estratégicos para las inversiones no europeas. Esto podría endurecer las relaciones económicas entre Alemania y China.
Para EE. UU., el efecto es doble. Por un lado, una Alemania más fuerte supone una mayor demanda de tecnología, energía, servicios financieros y equipamiento industrial estadounidenses. Por otro lado, Alemania intentará preservar su propia base industrial y reducir su dependencia de proveedores externos en sectores estratégicos, en particular en el ámbito de los semiconductores, las baterías y la infraestructura de inteligencia artificial.
Para los Países Bajos y otros países de la UE, el paquete de reformas podría resultar más bien positivo. Si la industria y el consumo alemanes comienzan a recuperarse, se beneficiarán los centros logísticos europeos, los proveedores de componentes, las empresas de ingeniería mecánica, los fabricantes de productos químicos y los países integrados en las cadenas de producción alemanas.
El principal riesgo de las reformas es de carácter político y temporal. Algunas medidas podrían encontrar resistencia por parte de los sindicatos, la comunidad médica y las regiones, y el efecto económico no se notará de inmediato. Reuters señala que las empresas y los economistas, en general, han valorado positivamente el paquete como algo necesario, pero han subrayado que todo dependerá de la rapidez y la calidad de su aplicación.
En definitiva, el paquete de Merz puede considerarse un intento de reestructurar el modelo de crecimiento alemán: menos burocracia, más inversiones, mayor flexibilidad en el mercado laboral y mayor protección de los sectores estratégicos. Pero Alemania no podrá recuperar su antiguo papel de locomotora europea solo con este paquete de reformas. Para ello, tendrá que resolver al mismo tiempo los problemas del alto coste de la energía, la demografía, el retraso tecnológico, la débil demanda interna y la dependencia de los mercados externos.