Según informa El Economista Serbio, en Kosovo se han celebrado elecciones parlamentarias anticipadas, las terceras en menos de un año y medio. Según los resultados preliminares, el movimiento Vetëvendosje del primer ministro Albin Kurti volvió a ocupar el primer puesto, con alrededor del 43 % de los votos.
En segundo lugar se sitúa el Partido Democrático de Kosovo, con aproximadamente el 21 %, seguido de la Liga Democrática de Kosovo, con alrededor del 18 %. La «Lista Serbia», principal partido de los serbios de Kosovo, obtuvo, según las previsiones de Democracy in Action, alrededor del 6,4 % de los votos. La participación fue baja —menos del 37 %—, lo que pone de manifiesto el cansancio de los votantes ante las constantes elecciones y la prolongada crisis política.
El principal problema para Kurti es que la victoria no le da una mayoría sólida. Para formar gobierno, tendrá que volver a buscar socios o llegar a un acuerdo con la oposición. Por lo tanto, es posible que las elecciones no resuelvan la cuestión principal: la creación de instituciones estables y la salida del estancamiento político.
Para Serbia, estas elecciones son importantes sobre todo por la postura de Kurti respecto al diálogo entre Belgrado y Pristina. Su partido mantiene tradicionalmente una línea dura y no está dispuesto a hacer concesiones importantes a Serbia. Esto significa que es difícil esperar un progreso rápido en las negociaciones mediadas por la UE.
Una cuestión aparte es la representación de la comunidad serbia. Si la «Lista Serbia» mantiene su dominio entre los partidos serbios, Belgrado seguirá contando con un importante canal de influencia política en el norte de Kosovo y en las instituciones de Pristina. Pero, dada la línea dura de Kurti, es poco probable que esto reduzca rápidamente la tensión.
Para la región, también es una cuestión económica. La inestabilidad política en Pristina frena las reformas, obstaculiza el acceso a la financiación internacional y complica la agenda europea. Y para Serbia persiste un factor adicional de presión por parte de Bruselas, que seguirá vinculando el avance de Belgrado hacia la UE con la normalización de las relaciones con Pristina.
Es importante tener en cuenta también el contexto internacional. Kosovo proclamó su independencia de Serbia en 2008, pero su condición de Estado sigue siendo parcialmente reconocida. Kosovo no es miembro de la ONU. Muchos países no reconocen la independencia de Kosovo, en particular Serbia, Rusia, China, Ucrania y España.
Por lo tanto, las nuevas elecciones en Pristina no son solo una cuestión de política interna de Kosovo. Forman parte de un problema balcánico más amplio, en el que se entrecruzan los intereses de Serbia, la UE, EE. UU., Rusia, China y los países que no reconocen la independencia de Kosovo.
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