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Vučić ha manifestado su disposición a dimitir del cargo de presidente de Serbia

Según informa «El Economista Serbio», el presidente de Serbia, Aleksandar Vučić, ha anunciado de hecho el inicio de una nueva campaña electoral al declarar, en un mitin del Partido Progresista Serbio —en el poder—, celebrado en Belgrado, que dentro de unas semanas presentará su dimisión como jefe de Estado. Formalmente, esto parece una dimisión casi un año antes de que finalice su mandato; sin embargo, desde el punto de vista político, no se trata tanto del fin de la era Vučić como de un intento de relanzarla con una nueva configuración.

En su intervención ante sus seguidores en el mitin «Serbia: una familia», Vučić afirmó que este sería probablemente su último discurso ante tal número de ciudadanos en calidad de presidente de la República. Destacó que, a lo largo de 14 años, había «servido a Serbia» en diversos cargos públicos —como viceprimer ministro, primer ministro y presidente— y agradeció a sus seguidores el apoyo prestado durante los períodos de crisis políticas.

El momento clave del discurso fue el anuncio de su futura dimisión. «Estos son mis últimos días y mis últimas semanas como presidente de la República», afirmó Vučić, rechazando las acusaciones de sus oponentes de que pretendía mantenerse en el poder a cualquier precio. Al mismo tiempo, señaló de inmediato que no abandona la política: según sus propias palabras, si la dirección del Partido Progresista de Serbia lo considera necesario, ayudará a la fuerza gobernante en las próximas elecciones.

Es precisamente esta combinación —la dimisión más la participación en la campaña— el principal contenido político de la declaración. Vučić no se limita a acortar su mandato presidencial, sino que traslada la crisis de legitimidad al ámbito electoral. Para él, es una forma de recuperar la iniciativa tras un año y medio de protestas, que comenzaron tras la tragedia en la estación de tren de Novi Sad, donde el derrumbe de la marquesina se convirtió en símbolo de las reivindicaciones de la sociedad contra la corrupción, la calidad de la gestión pública y el control de los proyectos de infraestructura.

El nombre de la lista propuesta por Vučić —«Serbia Unida»— tampoco es casual. Pretende contraponer a la fuerza gobernante no a partidos concretos de la oposición, sino a toda la movilización de protesta, sobre todo al movimiento estudiantil. En este nombre se esconde una estrategia habitual en Vučić: presentar las elecciones no como una competencia de programas, sino como un referéndum sobre la estabilidad, la unidad nacional y la capacidad del Gobierno para proteger al país del caos.

Al mismo tiempo, Vučić busca claramente evitar que la agenda de las protestas se convierta en el único marco de la campaña. Por eso, en su discurso, las promesas socioeconómicas ocuparon un lugar casi tan importante como las declaraciones políticas. Prometió que, dentro de dos años, el salario medio en Serbia alcanzará los 1.400 euros y la pensión media, los 650 euros, y también anunció medidas adicionales de apoyo para los jubilados con bajos ingresos.

La parte económica del discurso cumple varias funciones a la vez. En primer lugar, pretende devolver la campaña a un terreno favorable para el Gobierno: el crecimiento de los ingresos, las inversiones, las infraestructuras y el desarrollo industrial. En segundo lugar, se dirige a los grupos más fieles del electorado, sobre todo a los jubilados y a los trabajadores de los sectores dependientes del presupuesto público. En tercer lugar, permite a Vučić pasar de una postura defensiva respecto al tema de la corrupción y las protestas a una agenda ofensiva centrada en el «desarrollo futuro».

Por otra parte, Vučić hizo hincapié en la modernización tecnológica, la energía y la defensa. Habló de la fabricación de robots, los centros de datos, las centrales eléctricas de gas, la energía hidroeléctrica e incluso de futuras centrales nucleares, tanto pequeñas como grandes. Este bloque está dirigido ya a otro público: aquellos que ven a Serbia como un centro industrial y tecnológico regional.

Sin embargo, la dimisión anticipada del presidente también conlleva riesgos para Vučić. Si realmente dimite en las próximas semanas, Serbia entrará en un periodo de procedimientos institucionales acelerados. Las elecciones presidenciales deberán celebrarse en un plazo limitado, y para celebrar elecciones parlamentarias anticipadas se necesitará una resolución específica de disolución del Parlamento. Esto significa que el Gobierno asume la responsabilidad de comprimir drásticamente el calendario político y de llevar a cabo una campaña en un contexto de gran polarización.

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