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Las personas con el grupo sanguíneo A pueden tener un mayor riesgo de accidente cerebrovascular isquémico antes de los 60 años — estudio

Las personas con el grupo sanguíneo A pueden tener un riesgo algo mayor de sufrir un accidente cerebrovascular isquémico antes de los 60 años, mientras que en las personas con el grupo sanguíneo O este riesgo puede ser menor. Así lo escribe ScienceAlert, citando un estudio publicado en la revista científica Neurology.

El estudio se basa en un metaanálisis de 48 trabajos genéticos de América del Norte, Europa y Asia. La muestra incluyó a 16.927 personas que habían sufrido un accidente cerebrovascular y a 576.353 personas sin accidente cerebrovascular. Los científicos compararon las características genéticas de personas con accidente cerebrovascular temprano, es decir, antes de los 60 años, con los datos de personas en las que el accidente cerebrovascular ocurrió a una edad más avanzada, así como con un grupo de control.

Tras ajustar por sexo y otros factores, los investigadores establecieron que las personas con el grupo sanguíneo A tenían un riesgo un 16% mayor de accidente cerebrovascular temprano en comparación con las personas de otros grupos sanguíneos. En las personas con el grupo sanguíneo O, el riesgo, por el contrario, era un 12% menor.

Además, el estudio mostró que las personas con el grupo sanguíneo B tenían aproximadamente un 11% más de riesgo de accidente cerebrovascular en comparación con el grupo de control sin accidente cerebrovascular. A diferencia del grupo sanguíneo A, donde la relación era especialmente notable precisamente para el accidente cerebrovascular temprano, el mayor riesgo para el grupo sanguíneo B se observaba independientemente de la edad.

El grupo sanguíneo AB también fue incluido en el análisis; sin embargo, en las conclusiones publicadas del estudio no se destacó como un principal factor de riesgo independiente de accidente cerebrovascular temprano. Los autores pusieron el énfasis principal en la mayor probabilidad de accidente cerebrovascular temprano en las personas con el grupo sanguíneo A, el menor riesgo en las personas con el grupo sanguíneo O y la relación adicional del grupo sanguíneo B con el riesgo general de accidente cerebrovascular.

Los autores subrayan que estos datos no deben causar pánico. El aumento del riesgo es moderado, y el grupo sanguíneo por sí solo no significa que una persona necesariamente vaya a sufrir un accidente cerebrovascular. Los investigadores consideran que la relación puede deberse a mecanismos de coagulación de la sangre: el funcionamiento de las plaquetas, el estado de la pared vascular y las proteínas circulantes que influyen en la formación de coágulos.

Una conclusión importante del trabajo consiste en que la relación entre el grupo sanguíneo y el accidente cerebrovascular resultó ser más fuerte precisamente para los accidentes cerebrovasculares tempranos que para los accidentes cerebrovasculares en edades más avanzadas. Esto puede ayudar a los científicos a comprender mejor por qué los accidentes cerebrovasculares en adultos jóvenes son cada vez más frecuentes y qué factores biológicos adicionales pueden desempeñar un papel, además de la presión arterial, el tabaquismo, la diabetes, el colesterol, la obesidad y el estilo de vida.

Para el sistema de salud, este tipo de estudios son importantes no como motivo para introducir un cribado masivo por grupo sanguíneo, sino como un paso hacia una prevención más precisa. Si trabajos posteriores confirman el mecanismo de esta relación, los médicos podrán determinar mejor los grupos de riesgo entre los pacientes jóvenes y evaluar con mayor atención la combinación de factores hereditarios con los factores de riesgo habituales.

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Caminar puede ayudar al cerebro a «despejarse» gracias al movimiento de los fluidos, según un estudio

Caminar y otros movimientos corporales sencillos pueden favorecer la circulación de los fluidos en el cerebro y, potencialmente, ayudarle a eliminar los productos de desecho, según un estudio publicado en la revista *Nature Neuroscience*.

Un grupo de científicos estudió el movimiento del cerebro en ratones despiertos mediante microscopía de dos fotones de alta velocidad. Los investigadores determinaron que, al moverse, el cerebro se desplaza ligeramente dentro del cráneo, y que este proceso no está estrechamente relacionado con la respiración o el ritmo cardíaco, sino con la contracción de los músculos abdominales durante el movimiento.

Según los autores del trabajo, la contracción de los músculos de la cavidad abdominal genera una presión mecánica que, a través de las conexiones vasculares entre el abdomen, la columna vertebral y el sistema nervioso central, se transmite al cerebro. Los científicos describen este mecanismo como una especie de conexión «hidráulica»: el movimiento del cuerpo y la tensión muscular pueden desencadenar micromovimientos del cerebro e influir en el movimiento del líquido cefalorraquídeo y del líquido intercelular.

La simulación ha demostrado que este suave movimiento del cerebro puede favorecer la salida del líquido cefalorraquídeo del tejido cerebral hacia el espacio subaracnoideo. Los autores subrayan que la dirección de este flujo difiere de la que se observa durante el sueño, cuando se activa el llamado sistema glifático, relacionado con la limpieza del cerebro de los productos del metabolismo.

La publicación de divulgación científica ScienceDaily, refiriéndose a este estudio, señala que la contracción de los músculos abdominales durante el movimiento puede ayudar a la circulación del líquido cefalorraquídeo, lo que significa que la simple actividad física podría estar relacionada con el mantenimiento de la salud cerebral. Uno de los autores del trabajo, Patrick Drew, explicó que el movimiento corporal puede ser un importante mecanismo fisiológico que influye en el cerebro a través de una conexión mecánica con la cavidad abdominal.

No obstante, el estudio no demuestra que caminar «limpie» directamente el cerebro humano ni que cure enfermedades neurológicas. El estudio se realizó con ratones, y las conclusiones sobre los seres humanos requieren investigaciones adicionales. Sin embargo, muestra un posible mecanismo biológico a través del cual la actividad física habitual puede ser beneficiosa no solo para el corazón, los vasos sanguíneos y los músculos, sino también para los procesos de intercambio de líquidos en el cerebro.

Para la medicina y el mercado del bienestar, esto es importante porque caminar sigue siendo una de las formas más accesibles de mantener la salud. A diferencia de los entrenamientos complejos, no requiere equipamiento, condiciones especiales ni una gran forma física. Si futuras investigaciones confirman un mecanismo similar en los seres humanos, caminar con regularidad podría obtener otra explicación científica como herramienta para prevenir el deterioro cognitivo y mantener el funcionamiento normal del cerebro.

El estudio también señala que el movimiento del cerebro al caminar tiene una amplitud muy pequeña: se trata de desplazamientos microscópicos que son imposibles de percibir. Sin embargo, son precisamente estas oscilaciones mecánicas las que pueden ser suficientes para influir en el movimiento de los fluidos en los tejidos cerebrales.

La conclusión clave del trabajo es que el cerebro no está completamente aislado del resto del cuerpo, como a menudo se pensaba anteriormente. Está mecánicamente conectado con los movimientos del organismo, y las contracciones de los músculos abdominales al caminar y durante otras actividades pueden formar parte de un sistema que ayuda a mover los fluidos dentro y alrededor del cerebro.

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Pasarse la noche viendo vídeos cortos provoca cansancio diurno y altera el sueño, según un estudio

Ver vídeos cortos antes de acostarse no solo puede empeorar la calidad del sueño, sino que también puede ser la causa del cansancio diurno. A esta conclusión llegaron investigadores de China que estudiaron la relación entre el consumo problemático de vídeos cortos y los síntomas de insomnio en estudiantes, según se desprende de un estudio publicado en la revista Personality and Individual Differences.

Los autores del trabajo analizaron los datos de 6 691 estudiantes del centro de China. La encuesta se realizó dos veces con un intervalo de tres meses: los participantes respondieron a preguntas sobre sus hábitos de visualización de vídeos cortos, dificultades para dormir, cansancio diurno, estado de ánimo y disminución de la productividad.

El estudio reveló una relación bidireccional: el uso excesivo de plataformas de vídeos cortos predecía un aumento de los problemas para dormir tres meses después, pero el efecto inverso resultó ser aún más fuerte. Las personas que durante el día sentían cansancio, apatía o un empeoramiento del estado de ánimo debido a la falta de sueño, perdían con mayor frecuencia el control sobre el visionado de vídeos y los utilizaban como una forma rápida de aliviar la tensión o el aburrimiento.

Según los investigadores, el cansancio diurno actúa como una especie de «puente» entre el insomnio y el uso problemático de las plataformas digitales. La falta de sueño reduce el autocontrol y la capacidad de resistirse a las recompensas inmediatas, mientras que los vídeos cortos ofrecen una forma sencilla y casi sin esfuerzo de descarga emocional. Como resultado, la persona puede volver a ver vídeos por la noche, acostarse más tarde y sentir aún más cansancio al día siguiente.

Los autores señalan que los algoritmos de las plataformas de vídeos cortos refuerzan este ciclo: el feed personalizado capta la atención, y el usuario a menudo subestima el tiempo que ya ha dedicado a verlos. Un factor especialmente significativo resultó ser precisamente la dificultad para conciliar el sueño, que puede desencadenar un hábito persistente de posponer el sueño.

Para las empresas y el mercado de los servicios digitales, este estudio es importante porque muestra no solo el poder de los algoritmos adictivos, sino también la creciente demanda de bienestar digital. Las aplicaciones, las plataformas educativas, los empleadores y los servicios médicos tendrán cada vez más en cuenta el impacto del tiempo de pantalla nocturno en la productividad, el estado mental y la calidad de vida de los usuarios.

Los investigadores subrayan que el problema no se reduce únicamente a una «falta de fuerza de voluntad». Cuando una persona duerme mal y se cansa durante el día, su capacidad para controlar los impulsos disminuye, y el entretenimiento digital se convierte en la forma más accesible de recuperarse a corto plazo.

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