Según informa Serbian Economist, tras el inicio de la invasión a gran escala de la Federación Rusa en 2022, llegaron a Serbia más de 16 000 refugiados de Ucrania, aunque la gran mayoría se marchó posteriormente a otros países de Europa, según declaró el embajador de Ucrania en Serbia, Oleksandr Litvinenko, en una entrevista con la agencia «Interfax-Ucrania».
Según él, a día de hoy hay entre 2 000 y 3 000 refugiados ucranianos en Serbia, mientras que los rusos suman más de 100 000.
Al comentar la presencia de la Federación Rusa en los Balcanes Occidentales, el diplomático afirmó que Serbia sigue siendo para Rusia una «puerta de entrada» a la región, lo que permite a Moscú mantener su presencia política y, potencialmente, sacar partido de las contradicciones internas, sobre todo en lo relativo a Kosovo, así como utilizar varios canales de influencia.
Al mismo tiempo, Litvinenko hizo un llamamiento a no sobrevalorar la influencia rusa. Como ejemplo, citó la situación del mercado del libro en el centro de Belgrado: según su valoración, en las grandes librerías la proporción de literatura en ruso es notablemente inferior a la de las publicaciones en inglés.
Al hablar de la actitud de los serbios hacia los ucranianos, el embajador destacó la baja «barrera cultural» y la proximidad de la lengua, y subrayó también el papel del factor religioso: según él, en la percepción general de los serbios, los ucranianos, al ser ortodoxos, son considerados «de los nuestros».
El diplomático señaló también los estereotipos recíprocos: una parte de la sociedad serbia ve a Ucrania «a través de las gafas rusas», mientras que los ucranianos a menudo perciben a Serbia como «la Rusia de los Balcanes», lo que, según él, no refleja la complejidad de la política serbia de neutralidad ni la traumática experiencia de la década de 1990, incluidos los acontecimientos de 1999.