Según informa Experts.news, leer libros por placer está relacionado con una mejora de la memoria, la concentración y el estado emocional, así como con una reducción del riesgo de desarrollar demencia en la vejez. A esta conclusión han llegado investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) tras analizar los resultados de una serie de trabajos científicos sobre el impacto de la lectura en la salud cerebral en diferentes etapas de la vida.
Los resultados de esta revisión científica se han publicado en la revista Psychological Medicine. Las autoras son la profesora de psiquiatría de la Universidad de Cambridge Barbara Sahakian, la investigadora Christel Langley y la directora de la organización benéfica The Queen’s Reading Room, Vicky Perrin. El 1 de noviembre, la publicación de divulgación científica PsyPost publicó un análisis detallado de los resultados.
Los investigadores examinaron datos de estudios observacionales a gran escala sobre niños y adultos, estudios a largo plazo sobre la salud cognitiva de las personas mayores, así como resultados de resonancias magnéticas cerebrales.
Uno de los estudios de mayor envergadura fue el estudio estadounidense Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD), que abarcó a 10 243 niños. Los científicos observaron a los participantes, con edades comprendidas entre los 9-11 y los 11-13 años, evaluando sus hábitos de lectura, sus capacidades cognitivas y su estado psicológico.
Alrededor del 52 % de los participantes comenzaron a leer por placer en la primera infancia. Posteriormente, obtuvieron mejores resultados en las pruebas de memoria de trabajo, atención y asimilación de información en comparación con los niños que leían poco o nada.
Además, entre los niños que leían con regularidad se observaron menores índices de estrés, síntomas depresivos y problemas de conducta. También pasaban menos tiempo frente a las pantallas de los dispositivos electrónicos y, de media, dormían más horas.
Un estudio realizado mediante resonancia magnética reveló diferencias en la estructura cerebral de los participantes. En los niños que comenzaron a leer a una edad temprana se observaron mayores volúmenes de materia gris y mayor superficie cortical en algunas áreas relacionadas con el procesamiento del lenguaje, la memoria, la atención y la regulación emocional.
Estas relaciones se mantuvieron incluso tras el ajuste estadístico que tuvo en cuenta la edad, el sexo, la situación socioeconómica de la familia, el nivel educativo de los padres y otros factores.
En el marco de este estudio, las asociaciones positivas más marcadas se observaron con una lectura de unas 12 horas a la semana. Sin embargo, los científicos subrayan que esta cifra no puede considerarse una norma universal ni una duración óptima de lectura demostrada.
Los autores prestaron especial atención al impacto de la lectura en la salud de las personas mayores.
En uno de los estudios analizados, en el que participaron 469 personas mayores de 75 años, la lectura regular se asoció con una reducción del riesgo de desarrollar demencia de aproximadamente un 35 %. Se realizó un seguimiento de los participantes durante una media de 5,1 años.
Otro estudio a largo plazo, en el que participaron 1 962 personas mayores de 64 años, reveló que leer al menos una vez a la semana se asociaba con un menor riesgo de deterioro de las funciones cognitivas a lo largo de 14 años. Esta tendencia se observó independientemente del nivel educativo de los participantes.
Los científicos atribuyen el posible efecto protector a la formación de la denominada «reserva cognitiva»: la capacidad del cerebro para mantener las funciones intelectuales a pesar de los cambios propios de la edad.
La lectura estimula los procesos de procesamiento de la información, la imaginación, la memoria y la concentración. Además, la literatura de ficción activa las redes neuronales que intervienen en la comprensión de las emociones y las intenciones de otras personas.
También se han detectado asociaciones positivas con el bienestar psicológico de los adultos.
Según una de las encuestas analizadas, en la que participaron 4.164 personas, el 64 % de los encuestados que leían al menos 30 minutos a la semana señalaban que la lectura les ayudaba a comprender mejor los sentimientos de los demás. Entre quienes no leían, el porcentaje correspondiente era del 48 %.
Al mismo tiempo, el 38 % de los lectores encuestados señalaba que los libros eran la mejor forma de reducir el estrés.
Los autores también destacaron los beneficios de la lectura compartida y de la participación en clubes de lectura. Según diversos estudios, estas actividades pueden contribuir a reducir la sensación de soledad y a mejorar las relaciones sociales, especialmente entre las personas mayores.
Al mismo tiempo, los investigadores señalan una tendencia preocupante a la disminución del interés por la lectura entre los niños y adolescentes. Según las encuestas de la organización británica National Literacy Trust, en los años 2024-2025 los índices de lectura habitual y de interés por los libros siguieron disminuyendo, especialmente entre los chicos de entre 11 y 16 años.
En opinión de los científicos, la promoción de la lectura puede convertirse en una forma relativamente accesible de fomentar la actividad intelectual y el bienestar psicológico de la población. No se trata solo de libros impresos, sino también de publicaciones electrónicas, revistas, cómics y otros materiales de texto que las personas eligen por voluntad propia.
No obstante, los autores subrayan que la mayoría de los estudios analizados eran de carácter observacional. La relación detectada entre la lectura y la salud cerebral no demuestra que sea precisamente la lectura lo que prevenga directamente la demencia u otras enfermedades. También es posible que las personas que gozan de mejor salud desde el principio mantengan con mayor frecuencia el hábito de leer.
Para confirmar la relación de causa y efecto, se necesitan más estudios experimentales.
Los autores de la publicación científica consideran que un estudio más detallado del impacto de la lectura en las funciones cognitivas podría ayudar a desarrollar programas accesibles para prevenir el deterioro intelectual asociado a la edad y fomentar la salud mental.
Fuente original: Psychological Medicine, Universidad de Cambridge, 15 de septiembre de 2026.