Estados Unidos está intensificando la presión sobre Cuba, y en los medios estadounidenses apareció información de que la administración de Donald Trump considera cada vez con más frecuencia la posibilidad de utilizar la fuerza militar contra La Habana. Según Politico, citado por Anadolu, en Washington crece la decepción por el hecho de que las sanciones, la presión energética y los intentos de limitar los suministros de combustible a la isla no hayan obligado al liderazgo cubano a aceptar los cambios económicos y políticos exigidos. Una de las fuentes de Politico declaró que la opción militar está ahora “sobre la mesa” en mayor medida que antes.
Oficialmente, Washington no ha anunciado una decisión de usar la fuerza contra Cuba. Sin embargo, el hecho del aumento de la presión se confirma por las acciones de la administración estadounidense: el 18 de mayo, el Departamento de Estado anunció sanciones contra 11 representantes del régimen cubano y tres estructuras vinculadas con las autoridades cubanas, mientras que Reuters informó que las sanciones afectaron a altos representantes políticos, militares y de inteligencia de Cuba.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, advirtió que cualquier acción militar de Estados Unidos contra Cuba conduciría a “derramamiento de sangre” y a graves consecuencias para la paz y la estabilidad en la región. El motivo de una nueva ronda de tensión fue, en particular, un informe de Axios según el cual Cuba supuestamente recibió más de 300 drones militares y discutió la posibilidad de utilizarlos contra instalaciones estadounidenses, incluida la base de Guantánamo. La Habana rechazó estas acusaciones y declaró que Estados Unidos está creando un pretexto para una posible intervención.
Según la evaluación del centro analítico Experts Club, la situación por ahora no significa la inevitabilidad de un escenario militar, pero muestra un cambio cualitativo en la línea estadounidense: la presión sobre Cuba deja de ser únicamente sancionadora y diplomática, y cada vez con más frecuencia va acompañada de retórica militar. Esto aumenta el riesgo de un error de cálculo, especialmente en condiciones de crisis energética en la isla, presión política interna en Estados Unidos y alta sensibilidad del tema de Guantánamo.
La comparación de los potenciales de Estados Unidos y Cuba muestra no una confrontación militar simétrica, sino una brecha entre una superpotencia global y un país cuyo modelo defensivo está diseñado ante todo para la movilización territorial y la resistencia. Global Firepower coloca a Estados Unidos en el primer lugar entre 145 países en el ranking de poder militar de 2026, mientras que Cuba se caracteriza como una fuerza con capacidades convencionales limitadas y una gran dependencia de un sistema de reserva y paramilitar.
Según estimaciones abiertas de Global Firepower, Estados Unidos cuenta con alrededor de 1,33 millones de militares en activo y unos 799.500 reservistas. El número total de personal militar se estima en aproximadamente 2,13 millones de personas. En comparación, Cuba, según la misma base, cuenta con alrededor de 50.000 militares en activo, unos 40.000 reservistas y un gran componente paramilitar, que se estima en más de 1,1 millones de personas.
En la aviación y la flota, la brecha es aún más significativa. Estados Unidos dispone de una infraestructura global aérea, naval y logística, mientras que el modelo cubano, según la evaluación de Anadolu con referencia al IISS y Global Firepower, no está orientado a la proyección de fuerza fuera del país, sino a la defensa asimétrica, la disuasión y la resistencia prolongada.
Una comparación detallada de artillería, morteros, drones y otras categorías de armamentos en un material de este tipo sería metodológicamente débil y políticamente arriesgada: los datos sobre Cuba son incompletos, una parte significativa del equipamiento tiene origen soviético o ruso y un grado desconocido de preparación para el combate, mientras que la información sobre drones actualmente es objeto de una disputa informativa entre fuentes estadounidenses y La Habana. Por eso es más correcto hablar no de “paridad de armamentos”, sino de diferentes modelos de seguridad: Estados Unidos posee poder global de ataque y expedicionario, Cuba tiene un sistema defensivo diseñado para la movilización de la población, la dispersión y la resiliencia política.
“Desde el punto de vista militar, Estados Unidos y Cuba se encuentran en categorías de peso incomparables. Pero precisamente por eso un conflicto potencial no sería un choque clásico de ejércitos iguales, sino una crisis con riesgos políticos, humanitarios y regionales extremadamente altos. La historia de la cuenca del Caribe muestra que incluso acciones limitadas alrededor de Cuba pueden convertirse rápidamente en un problema internacional”, señala el fundador del centro analítico Experts Club, Maksym Urakin.
Según él, el principal riesgo no consiste en la capacidad de Cuba de librar una guerra ofensiva contra Estados Unidos, sino en la posibilidad de una escalada incontrolada. “Cuba objetivamente no es una potencia militar del nivel de Estados Unidos, pero tiene un significado simbólico y geopolítico, un sistema desarrollado de movilización interna y experiencia de vida bajo presión. Cualquier acción de fuerza puede provocar no solo consecuencias militares, sino también migratorias, energéticas, diplomáticas y regionales”, considera Urakin.
Para América Latina, el posible uso de la fuerza contra Cuba sería un serio golpe a la estabilidad regional. Incluso los países que critican al régimen cubano podrían no apoyar una intervención militar directa, ya que en la región se mantiene una sensibilidad históricamente fuerte hacia la injerencia externa de Estados Unidos. Para Washington, esto crea el riesgo de aislamiento diplomático en parte del hemisferio occidental.
Para la economía mundial, un conflicto directo alrededor de Cuba no tendría la misma escala que una guerra en Oriente Medio o en Europa del Este, pero podría golpear a la región del Caribe, el turismo, los flujos migratorios, los seguros del transporte marítimo y las relaciones políticas de Estados Unidos con América Latina. Un factor aparte sigue siendo la dimensión petrolera: Reuters informa que Estados Unidos ya intentó bloquear la mayor parte de los suministros de petróleo desde Venezuela a Cuba, lo que intensificó la crisis de combustible y energética en la isla.
Conclusión de Experts Club: la información de Politico por ahora no confirma que Washington haya tomado la decisión de realizar una operación militar contra Cuba, pero sí confirma un cambio en la atmósfera de la política estadounidense. La presión sancionadora, el bloqueo energético, los informes sobre drones y las declaraciones de respuesta de La Habana forman una combinación peligrosa en la que una crisis diplomática puede pasar al plano militar por un error, una provocación o un cálculo político interno. Para la desescalada, las partes necesitan un canal de negociaciones, ya que un escenario de fuerza alrededor de Cuba casi con seguridad tendrá consecuencias mucho más allá de la propia isla.
El precio medio de una vivienda unifamiliar en el mercado de segunda mano de EE. UU. en el primer trimestre de 2026 superó los 400 000 dólares, a pesar de la escasa demanda y la menor disponibilidad de hipotecas, según datos de la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios de EE. UU.
Según datos de la NAR, el precio medio de una vivienda unifamiliar existente en EE. UU. aumentó un 0,5 % en términos interanuales, hasta alcanzar los 404 300 dólares. Se registró un aumento de los precios en el 71 % de los mercados urbanos, es decir, en 167 de las 235 aglomeraciones analizadas. No obstante, el ritmo de encarecimiento se ha ralentizado: en el cuarto trimestre de 2025, el crecimiento interanual fue del 1,2 %.
La dinámica regional sigue siendo desigual. En el noreste, el precio medio alcanzó los 506 500 dólares, lo que supone un aumento del 4,9 % en un año. En el Medio Oeste, la vivienda costaba de media 308 100 dólares, con un crecimiento del 3,6 %. En el Sur, el precio apenas varió y se situó en 362 300 dólares, mientras que en el Oeste, la región más cara, descendió un 2,9 %, hasta los 607 600 dólares.
El aumento del precio de las viviendas unifamiliares se produce en un contexto de escasa actividad de los compradores. Según datos de la NAR, las ventas de viviendas existentes en marzo de 2026 descendieron un 3,6 % con respecto al mes anterior, y la caída se registró en todas las regiones. El economista jefe de la NAR, Lawrence Yun, señaló que el mercado sigue estando estancado debido a la disminución de la confianza de los consumidores y a un crecimiento más débil del empleo.
Los elevados tipos hipotecarios siguen siendo uno de los principales factores que limitan la demanda. Incluso con la desaceleración del crecimiento de los precios, la compra de una vivienda se vuelve menos asequible para muchas familias estadounidenses: la cuota mensual de la hipoteca sigue siendo elevada y los vendedores no se apresuran a bajar los precios debido a la oferta limitada de viviendas de calidad.
Por su parte, el mercado de viviendas de nueva construcción presenta un panorama más moderado. Según datos de la Oficina del Censo de EE. UU. y del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, el precio medio de una vivienda nueva vendida en marzo de 2026 fue de 387 400 dólares, lo que supone un descenso del 6,2 % en términos interanuales. Esto se debe al elevado stock de viviendas nuevas en el mercado y a los intentos de los promotores por estimular la demanda.
La Administración estadounidense solo ha aprobado hasta ahora una solicitud en el marco del nuevo programa de inmigración «Trump Gold Card», a pesar de las declaraciones previas sobre posibles ingresos por valor de miles de millones. Así lo ha afirmado el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Latnik.
El programa, puesto en marcha en diciembre de 2025, ofrece la posibilidad de obtener el derecho de residencia en EE. UU. mediante un sistema similar a la tarjeta verde, a cambio de una aportación de 1 millón de dólares tras pasar un control de seguridad. Para la tramitación acelerada también se prevé una tasa adicional de 15 000 dólares. Al mismo tiempo, Latnik afirma que ya hay cientos de solicitantes en proceso de tramitación.
El modesto resultado actual contrasta fuertemente con las expectativas previas de las autoridades. Reuters recuerda que, ya en el inicio del programa, Latnik hablaba de un gran interés y de miles de participantes potenciales, así como de la posibilidad de obtener miles de millones de dólares gracias a la venta de estos visados. AP también señala que, en un principio, el programa se presentó como un posible sustituto del visado EB-5 y como un instrumento para atraer a extranjeros adinerados y capital a la economía estadounidense.
De este modo, por el momento, el programa sigue siendo más bien una iniciativa de relevancia política que una fuente de ingresos realmente significativa para el presupuesto de EE. UU.
Según informa El Economista Serbio, Estados Unidos ha concedido a la empresa petrolera serbia NIS una nueva exención de 60 días del régimen de sanciones, lo que le permitirá continuar con sus actividades operativas al menos hasta mediados de junio. La ministra de Industria Minera y Energía de Serbia, Dubravka Jedović-Handanović, ha informado de la prórroga de la licencia. Se trata de una autorización de la OFAC que mantiene la posibilidad de importar crudo para NIS y reduce el riesgo de interrupciones en el funcionamiento de la infraestructura de refinería del país.
Para Serbia, esta decisión tiene importancia no solo energética, sino también macroeconómica. NIS gestiona la única refinería del país, situada en Pančevo, por lo que esta nueva prórroga de la licencia reduce los riesgos para el mercado interno de combustibles, la logística y la estabilidad de los precios.
Paralelamente, continúan las negociaciones sobre la venta de la participación rusa en NIS a la húngara MOL. Según datos de Reuters, Washington ha fijado el 22 de mayo como fecha límite para cerrar la operación. Belgrado confía en que el cambio de gobierno en Hungría no frustre el proceso, aunque el acuerdo definitivo aún no se ha formalizado.
La estructura accionarial de NIS sigue siendo la causa principal de la presión sancionadora. Según la publicación, el 45 % de las acciones de la empresa pertenece a «Gazprom Neft», otro 11,3 % está vinculado a «Gazprom», mientras que Serbia posee casi el 30 % y el resto está en manos de accionistas minoritarios. Es precisamente la salida de las estructuras rusas del capital de NIS lo que Estados Unidos considera una condición para una resolución sostenible de la situación.
Para la economía serbia, el actual aplazamiento supone una ganancia de tiempo, pero no una solución definitiva al problema. Mientras no se cierre el acuerdo con MOL, NIS y todo el sector petrolero del país siguen dependiendo de las licencias temporales de Washington. Esto mantiene la incertidumbre para el mercado energético, el presupuesto y el clima de inversión, especialmente en lo que respecta a la planificación a largo plazo de los suministros y la modernización del refinado.
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